Cuando el alma se siente sola.

 

Cuando el alma se siente sola.

Suelo sobrepensar las cosas. Antes de emitir una opinión, intento entender desde todos los ángulos. Claro, no siempre fue así. Me ha costado mucho tiempo y experiencia aprender cuándo y cómo compartir lo que pienso, ya sea sobre una conversación, una situación o mis propias vivencias.

Al analizar los últimos años de mi vida —esta travesía a veces dolorosa de ser migrante— he conocido a muchas personas. Y, aunque cada historia es diferente, casi siempre llego a la misma conclusión: todos estamos batallando, todos estamos intentando ser felices con lo que tenemos y podemos, aunque eso signifique empezar de nuevo una y otra vez.

A veces siento que cuando algo finalmente va bien, otras dos cosas comienzan a ir mal. Y así, seguimos adelante. Muchas veces, lo hacemos en soledad. A veces, elegimos esa soledad pensando que nadie nos entenderá. O creemos que los demás no tienen problemas, o que los suyos son peores que los nuestros, y preferimos aislarnos.

No digo que la soledad sea mala. De hecho, la soledad puede ser una gran maestra, un espacio para conocernos y reconocernos. Pero… ¿qué pasa cuando nos invade esa otra soledad?
La soledad del alma.
Esa que no se llena con personas ni con lugares.
Esa que aprieta el pecho y estruja el alma.
Esa que nos empuja a tomar decisiones que, luego, no siempre entendemos.

Desde mi experiencia —y en muchas conversaciones que he tenido— he notado que nadie habla de esa soledad profunda. Aprendimos a ponernos una coraza, a fingir que todo está bien. Pero si prestas atención, si escuchas con el corazón, verás que hay mucha gente muy sola.

Tal vez no podamos evitar sentir esa soledad del alma en ciertos momentos, pero sí podemos empezar a nombrarla, compartirla, abrazarla con compasión. Hablarla. Escucharla en otros. A veces, basta con un gesto, una palabra, una mirada sincera para que alguien deje de sentirse invisible.

No estamos tan solos como creemos. Solo hemos dejado de hablarnos con verdad.
Volver a conectar, aunque sea en medio del dolor, es el primer paso para sanar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Luz en la oscuridad.

Poner límites